
TEMPORADA 15 – LA SERIE DE COLOMBIA – Episodio 94: Carla García en Medellín. El proceso de querer quedarse en Colombia.
22 de marzo de 2020
Duración: 36min 04seg.
Carla tiene nueve años viviendo en Colombia. Ha tenido la oportunidad de conocer muchas de sus regiones y costumbres. Empero, el querer quedarse definitivamente en Medellín deriva de un proceso largo y complejo.
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Transcripción:
René Mendizábal: El episodio noventa y cuatro de Los trabajos y los días. Hoy es martes veintitrés de marzo, siete de la mañana en Toronto y, continuando con nuestra temporada número quince —que está dedicada a los venezolanos que viven en Colombia—, conectamos con la ciudad de Medellín para conversar con Carla García. Carla, gracias por participar en Los trabajos y los días. Cuéntame, por favor, ¿qué fue lo primero que pasó por tu mente el día que llegaste a vivir a Colombia?
Carla García: Gracias, René, por la invitación. Yo llegué hace casi nueve años a Bogotá con muchos miedos, muchísimos miedos. Llegué sin conocer a nadie. Llegué a una ciudad sumamente fría en cuanto a clima y en cuanto a ese cariño o esa personalidad que puedo conseguir en una ciudad. Llegué con muchos miedos, sin conocer nada. No sabía dónde iba a vivir, no sabía cómo me iban a aceptar en el trabajo que en ese momento me habían aceptado. Hice un pequeño traslado desde la compañía en donde trabajé en Caracas, me aceptaron acá en Bogotá. Al principio yo llegué con aras de un escape de Caracas. Llego con ese escape pensando en que tenía un gran plan. Ese gran plan era venir a hacer un posgrado para salir un poco de la situación en la que yo estaba viviendo en Caracas y La Guaira, pues mi residencia oficial era La Guaira. Estaba cansada de la crisis, estaba cansada de muchas cosas que estaban sucediendo en Venezuela y una de mis salidas, mi escape, fue venir a hacer un posgrado. Y mi gran plan era venir a hacer un posgrado y devolverme a Venezuela. Como que si en año y medio, dos años, todo iba a cambiar y la situación iba a estar mejor.
RLM: Y no cambió. Para contexto, Carla, tú eres contador público y fuiste a Bogotá, entonces, a hacer una maestría en contaduría forense, si yo recuerdo bien.
CG: En auditoría forense.
RLM: Auditoría forense.
CG: Yo tomo la decisión de venirme a Colombia porque solamente en dos países de la región daban auditoría forense que es en Argentina y Colombia. En ese momento, yo dije: «yo solo me voy a ir a hacer un posgrado y voy a regresar», porque esa era mi intención. Mi familia siempre me dijo: «Carla, nosotros estamos aquí esperándote, pues nada va a cambiar». Yo decía que Colombia es el país en el cual yo voy a poder ir, estar un año y medio, dos años, y regresar con facilidad, tomar un avión y regresar en cualquier momento. Esa era mi solución a todos mis problemas que yo tenía. Y realmente no fue así. Llegué haciendo posgrado en auditoría forense, termino el posgrado y yo digo: «¿ahora qué hago? No ha cambiado la posición política en Venezuela. ¿Qué tengo que hacer?».
RLM: Permíteme retroceder un poquitico. Me da curiosidad, ¿por qué auditoría forense? La tenías nada más en dos países en América del Sur. O sea, no es la cosa más común para estudiar. ¿Por qué tú querías estudiar auditoría forense?
CG: Quería estudiar auditoría forense porque en toda mi carrera siempre trabajé en auditoría, pero fue auditoría financiera. La auditoría forense era un campo que en el año 2012, todavía se estaba explorando. Estaba como un poquito ese boom de: «hay algo llamado auditoría forense», y a mí me comienza a surgir esa idea de que voy a estudiar auditoría forense porque es parte de lo que yo he venido trabajando como auditor en toda mi carrera. Yo duré doce años de auditor financiero y luego la auditoría forense me incrementa esa experiencia. Era algo nuevo, relevante, que estaba sucediendo en la región.
RLM: Ok. Entonces, ya tú tenías muchos años de experiencia de trabajo, era un área nueva que te interesaba de forma específica, no era solamente ir a Colombia por ir a Colombia, sino ir a Colombia para estudiar esto. Además, había una oportunidad trabajo en Colombia, entonces, llegaste y estudiaste y trabajabas. ¿Cómo fue esa experiencia mientras estaba haciendo la maestría?
CG: Estudiar y trabajar para mí siempre fue normal, porque desde que comencé a estudiar en la Universidad Central de Venezuela siempre trabajé también. Entonces, para mí eso no fue duro en lo absoluto. Me parece algo supernormal. Obviamente, en temas de posgrado, en temas culturales cuando comienzo a estudiar con otras personas, sí es un poquito diferente. Todo lo que tienen que ver con la universidad, yo siempre había estudiado… Hasta mi preescolar fue público. Cuando entro a Colombia, pues obviamente tengo que pagar la carrera. Y pues aquí en Colombia las universidades privadas son poco costosas, pero vale la pena y vale la pena invertir en la educación.
RLM: Y el ambiente universitario, el ambiente de estudio, ¿cómo fue? ¿Qué encontraste diferente? ¿Qué encontraste igual? ¿Mejor o peor?
CG: Encontré diferente la forma de pensar de la gente. Creo que nosotros venimos trabajando un cierto estereotipo en Venezuela. Pero, cuando comienzas a ver otro país y comienzas a escuchar el pensamiento, las experiencias y las vivencias de otras personas de cualquier clase social, sobre todo en Colombia, que las clases sociales se sienten algunas veces un poco marcadas. Fue muy enriquecedora esa experiencia que yo tuve en la universidad aquí en Colombia, porque no solamente el ámbito académico fue importante, sino ese enriquecimiento personal atrae la experiencia del resto de las personas y lo que yo conocí del resto de la personas.
RLM: Entonces, esto de trabajar para ti era normal, ya lo habías hecho antes, sencillamente lo repetiste en Colombia, enriquecedora la experiencia académica, pero el plan era que ibas a estudiar un año y medio, las cosas iban a cambiar, tú te regresabas y vivir felices para siempre. Terminó el posgrado y no, las cosas no habían cambiado. Entonces, tú tienes esa conversación interna de decir: «¿y ahora qué hago?». ¿Cómo fue ese día?
CG: Luego de dos años acá en Bogotá, yo comienzo a tener una vida bastante monótona. Solo trabajaba y luego a mi casa, iba al trabajo, regresaba a mi casa. Comienzo a cuestionarme muchas veces: «¿qué estoy haciendo aquí?», si realmente yo quiero vivir acá porque, lamentablemente, eso no fue mi objetivo inicial. Mi plan fue venir a estudiar y regresarme. Jamás pasó por mi cabeza que yo me iba a quedar en Colombia. Jamás pasó.
RLM: Ahora, Carla, hay algo que quiero entender porque si ese era el plan, algo pasó en el camino, que el día de la graduación tú no llegas hasta la graduación con el billete de avión en la mano. Llegó la graduación y no te devolviste a Venezuela. Entonces, ¿cómo llegas tú a esa decisión? ¿Cómo pasa eso?
CG: Cada vez que yo viajaba a Venezuela, en estos dos años que te estoy hablando, la situación en Venezuela comenzó a empeorar, a empeorar, a empeorar. Yo comienzo como a, en cierta manera, sufrir ese desgano, esas mal vivencias que estaba sufriendo mi familia, el país y los venezolanos en general. Yo comienzo a ver un deterioro profundo dentro de la sociedad. Económico, de crisis. Realmente fue todo lo contrario lo que yo pensé que iba a suceder. Entonces, ese gran plan con el que yo llegué aquí, no sucedió nunca. Y estoy aquí en este momento y no ha sucedido. En ese momento, yo me empiezo a cuestionar, comienzo a tomar decisiones. Mi familia me dice: «Carla, la verdad aquí no te veo ya, no te veo aquí». Mis mejores amigos que estaban en Venezuela —que ya no están—, me empiezan a cuestionar y a decirme: «Carla, a ti te va muy bien profesionalmente en Colombia. Tienes una muy buena posición. Desde allá tú puedes ayudar a tu familia». Y, de hecho, cada vez más comencé a ayudar a mi familia y yo creo que en parte eso fue lo que me motivó a querer quedarme acá en Colombia. Pero, eso no fue un proceso fácil. Eso fue un proceso en el cual yo tuve que internalizar y que, por casualidad, conozco a mi terapeuta por cosas de la vida, que es venezolana también. Y yo comienzo a sentirme como que no soy allá, pero tampoco soy de aquí. Pero quisiera estar en Venezuela, pero a la vez no, pero me gusta Colombia, pero a la vez no… Entonces, esa guerra de amor y odio comenzó dentro de mí. Me comienzo a cuestionar y a decir: «yo tengo que hacer algo porque yo no puedo vivir así. Esto no es vida, no es vida». Yo estaba viviendo y a la vez no, y comienzo una cita con la que es mi terapeuta ahora y ella me comienza a hacer un trabajo terapéutico muy importante. Dentro de las primeras sesiones obviamente detecta —y era fácil detectar— un tema de arraigo que yo no me sentía parte de Colombia, sino que yo desde siempre pensé que yo venía de paso, yo iba a estar de paso y me iba a volver. Y yo en ese ínterin, me quedo. Y me quedo, después, emocionalmente, como en una interfaz donde no soy de allá, no soy aquí, quiero estar aquí, pero a la vez no. Y fue muy duro. Ese proceso terapéutico duró aproximadamente año y medio en el cual yo tuve que trabajar lo que sería el arraigo, lo que sería aceptar y entender al pueblo colombiano, entender al colombiano y ser parte de ellos, independientemente que yo sea venezolana. Y estar agradecida porque ellos me recibieron muy bien en Colombia y yo también estoy muy agradecida por la recepción que yo he tenido por parte de ellos.
RLM: Carla, mira, una cosa muy interesante. Es el episodio noventa y cuatro que tenemos en este podcast y, normalmente —y es muy válido—, la gente con la que conversamos nos dicen: «buenísimo. Estoy viviendo en el mejor país del mundo…» —el país que sea— «…que chévere, me encanta. Bellísimo». Yo a todo el mundo le pregunto: «¿tú volverías a elegir el país en el que estás?» Casi siempre dicen: «sí, ¿cómo no?». Tú estás teniendo con nosotros un diálogo muy sincero de decir: «bueno, es que yo venía de paso y yo no pude encontrar el proceso de arraigo». Y, además, hubo una conversación contigo misma que también fue muy sincera y puedo apreciar que fue muy dura. Inicias, tomas tú misma la decisión de iniciar un proceso de terapia y decir: «¿cómo hago yo para conectarme con este país?». Entonces, ¿cómo hiciste? ¿Cómo resolviste tú este acertijo?
CG: Mira, lo resolví con el pasar de este proceso terapéutico. Aceptando mi realidad, aceptando la realidad de que no era posible, de que no era factible regresar a Venezuela. En ese momento no había razones para yo ir. Y llegué a pensar también en mudarme a otro país. En ese momento, estaba una emigración muy grande de venezolanos hacia Chile. Pensé en irme a Chile, pero yo dije: «no quiero volver a pasar por el proceso de llegar sin conocer a nadie. Llegar y otra vez comenzar de cero. Eso me va a dar muy duro otra vez, comenzar de cero en un país que no conozco a nadie, que nadie me está esperando». Es muy duro irse a un país en el cual, al principio, para arrendar un apartamento o para arrendar una habitación te piden garantías, te piden fiadores, te piden cualquier cantidad de documentos que no los tienes, para abrir una cuenta bancaria. Si no tienes un contrato laboral y la compañía, no te abren una cuenta bancaria. Yo internalicé que yo no quería volver a pasar otra vez lo que ya yo viví en Colombia yéndome a otro país. Esa no era la solución.
RLM: Esas son cosas que uno da por sentado, ¿verdad? Es lo más normal del mundo. Tú tienes tu cuenta bancaria, que tienes quien de una garantía, que tienes quien te conozca, quién tiene esto o lo otro. Esas redes de gente, de familiares, de amigos, de empleadores, que uno piensa en todo cuando va a emigrar, pero no piensa en eso. Parece que es como que está asegurado y cuándo aterrizas en otro lugar y descubres que ya no lo tienes.
CG: Sí. Entonces, ese escape que yo tuve, yo dije que no lo iba a volver a hacer, yo no iba a volver a cometer ese error de irme a otro país a comenzar de cero porque no era lo que yo quería. Entonces, ¿cuál fue esa salida a mi problema? En ese momento fue: Carla, tú tienes que aprender a convivir y tú tienes que aceptar tu realidad, aceptar y entender a las personas que viven en tu entorno. Porque yo fui la que llegué aquí, ellos no me trajeron. Yo fui la que llegué. Y yo soy la que me tengo que adaptar en más medida y más nivel que las personas que me van a aceptar. Entonces, ahí comienza el proceso terapéutico. Y ya cuando estoy finalizando este proceso terapéutico, cuando yo comienzo a aceptar, yo siento ya que me libero de esta situación. Siento que no me sentía mal, por ejemplo, cuando me levantaba en la mañana y a veces yo decía: «oye, tengo que ir al trabajo». El clima es un poco duro para mí en Bogotá porque vengo de tierra caliente. El clima en Bogotá a veces resulta un poco deprimente de cierta manera. Hay días completos, tres, cuatro o cinco días que no ves el sol. Y yo soy una persona que estaba acostumbradísima a que el sol es vital para mí. Comienzo a entender la ciudad y comienzo a ser más agradecida con todas las cosas que tenía.
RLM: Eso se dice fácil, pero hacerlo es otra cosa. ¿Cómo se le hace para conocer la ciudad, para conocer el país? ¿Cuál es la estructura con la que uno construye un arraigo?
CG: Al principio, comencé a conocer un poco su cultura. Bailaba en los carnavales de Barranquilla, en Bogotá. Comencé a escuchar su música. Comencé a entender culturalmente cómo son ellos, por qué yo no tengo que venir aquí a imponerles que se tienen que comer una arepa rellena si a ellos les gusta es una arepa y colocarle las cosas por encima. Yo no le voy a hacer cambiar a ellos que la arepa la tienen que rellenar, sino que a ellos les gusta una arepa con las cosas o el relleno por encima. No hay ningún tipo de problema. Yo comienzo a ponerme en los pies de ellos a entenderlos, conocer su cultura. Gracias a Dios, he tenido la oportunidad —a través del trabajo que tuve— de viajar y conocer muchas regiones en Colombia y fui conociendo gran parte del país y conociendo culturalmente las regiones y las personas, cómo son sus comportamientos dentro de la región. Y yo creo que eso es muy importante cuando uno piensa irse a vivir a otro país, tratar de conocer e investigar primero antes de llegar a un país y también saber hasta en qué ciudad tú deberías realmente vivir. Porque yo estoy segura que en mi caso, Bogotá no fue la mejor ciudad para venir a vivir a Colombia. En este momento, yo estoy ya viviendo en Medellín desde hace tres años, me llego a una ciudad muy, muy, muy parecida a Caracas, muy agradable. Y creo que si en ese momento yo me hubiese venido a Medellín, capaz mi situación hubiese sido un poquito distinta.
RLM: Ya vamos a hablar de Medellín, pero, viendo tu trayectoria, hablando contigo, tú eres una mujer inteligente, con experiencia, muy bien plantada que asumiste e iniciaste un proceso muy intelectual, muy estructural: «yo voy a conocer este país en lo cultural y en su geografía también, porque tengo la oportunidad de viajar». Entonces yo ahí tengo dos preguntas: a nivel de cultura, de costumbres, ¿qué ha sido lo que más te impresionó, lo que más te gustó? Y a nivel de regiones, ¿cuál es el sitio que más te ha llamado la atención?
CG: La región que más me gusta de Colombia es todo lo que es el Eje Cafetero, que sería el Quindío, Armenia, Pereira, Manizales. Toda esa región cafetera es una adoración. Y si te das la oportunidad de visitar Colombia algún día, te recomiendo que conozcas el Eje Cafetero. Allí está toda la cultura cafetera de este país, que es parte de la esencia de Colombia, que es el café. Allí va a conseguir unas personas maravillosas. Son unas personas espectaculares, humanamente son personas que son muy hospitalarias. Mira, es que te caen bien solamente con mirarlas. Son unas personas supertrabajadoras. Trabajan la tierra de una manera única y pues de allí sale el mejor café de Colombia. Entonces, yo tuve la oportunidad de viajar muchísimas veces a todo lo que fue el Eje Cafetero, porque auditaba gran parte de compañías cafeteras en Colombia y de allí yo también comienzo a interesarme en lo que sería la cultura de Colombia, porque conozco mucho de café, pero el café colombiano, donde están las mejores tierras para el cultivo del café. Entonces, yo tuve como un estudio profundo lo que fue el café y eso también me ayudó muchísimo a entender sus problemas. Luego conozco al que es mi pareja en este momento, que ya tengo cinco años con él, y con él aprendí muchísimo sobre el conflicto armado que ha tenido Colombia en todos estos sesenta años. Entonces, cuando yo también comienzo a entender cómo ha sido todos los años en que el pueblo colombiano ha sufrido esta tragedia, yo comienzo también a entenderlos a ellos. Porque la gran mayoría no son unas personas…, a mi parecer y mi humilde opinión, es difícil confiar en las personas en un primer momento, es difícil que se les abran a las personas en un primer momento, porque yo los empiezo a entender cuando empiezo a entender su conflicto armado. Entonces, conozco una parte de la historia de ellos, obviamente no completita, pero sí cada persona que conocí y sobre todo aquí en Medellín, siempre les he preguntado: «¿has tenido algún problema familiar? ¿El conflicto armado te afectó? ¿Cómo te afectó?». Y me echan todos los cuentos, todas las historias de sus familiares, cómo ellos lo vivieron y es durísimo. Y allí yo comienzo a entender todo el proceso que ha tenido pueblo colombiano. Me pongo en sus zapatos y hay muchísimas cosas que yo a lo mejor al principio comencé a tomarlos de forma personal. Algún tipo de comentario que no era malintencionado, pero así son las personas. Y yo comienzo a trabajar en que yo no me tengo que tomar nada personal. Eso también fue parte de este proceso. Todos los comentarios que yo recibía, los recibía la mejor manera, independientemente que no me haya gustado o sí me haya gustado.
RLM: Eso fue en cuanto a geografía. El Eje Cafetero, que la gente —en palabras tuyas— es una adoración, que además te dio mucha oportunidad de entender la historia como una capa adicional. Un país saliendo de sesenta años de guerra civil, pues hay mucha reinvención que hacer, pero también muchas heridas que sanar. En cuanto a costumbres, tradiciones, ¿hay alguna que te ha gustado particularmente? ¿Qué se te pegó de repente? ¿Cuál te impresiona?
CG: Aquí en Colombia se celebra el siete o el ocho de diciembre —no recuerdo exactamente el día— el día de las velitas. Un día que yo creo que es más importante que el veinticuatro o veinticinco de diciembre para ellos. Es un día donde la familia se reúne, prende velitas y por cada velita piden un deseo, y están toda la noche celebrando con la familia o compartiendo en familia, comiendo dulces o hacen alguna cena. Cada familia lo hace de una forma distinta, pero me parece superchévere esa tradición de prender velitas y prender una luz que tú pides un deseo, como una esperanza y que es un acontecimiento en Colombia. Es difícil de describir cómo es, porque esto es algo, como te digo, mayor que un veinticinco de diciembre. Es algo superimportante y no importa si tienes que trabajar muchísimo, pero tú ese día te vas temprano de la oficina porque tú vas a celebrar el día de las velitas con tu familia o con los amigos, depende de con quién estés. Es una nota, o sea, es un día superlindo y transmite esas esperanzas de lograr cosas que tú quieres y, sobre todo, la gente pide mucho por el país, pide mucho que toda la situación cambie.
RLM: Mira qué interesante, Carla, que en nuestra entrevista de la semana pasada yo hice la misma pregunta y me dieron la misma respuesta: el día de las velitas. Y a ti también te llamó mucho la atención. Ahora, vamos con el otro lado de la moneda, Colombia y Venezuela en algún momento de su historia fueron el mismo país, y luego en otro momento pues ya se separaron. Hay gente que escribió que Venezuela y Colombia son como dos naciones mellizas. Nos referimos a la hermana República de Colombia, a la hermana República de Venezuela. ¿Qué has reconocido tú en Colombia que has encontrado tú similar a Venezuela?
CG: La gente trabajadora, aquí la gente es increíble. Se paran supertemprano para trabajar. Son gente superdedicada, tratan de hacer siempre lo mejor que pueden y yo lo comparo mucho al venezolano. No sé si estaré equivocada, no sé si el venezolano en este momento que está en Venezuela es así, por toda la situación que está pasando allá, pero yo siento que en común tenemos esa forma de ser, que somos unas personas supertrabajadoras, echadas para adelante. Y que siempre conseguimos todo lo que queremos, independientemente de dónde estemos.
RLM: Entonces, sucede el cambio en algún momento de Bogotá a Medellín, ¿por qué Medellín? ¿Cómo ha sido diferente Medellín?
CG: Luego de seis años y medio, ya estuve por fuera cinco o seis meses en Chicago estudiando inglés. Luego, desde allá, mi novio me dice: «Carla, conseguí un mejor empleo en Medellín, ¿estarías dispuesta a irte conmigo?», yo le dije: «claro que sí. Vámonos para allá». Llego a Medellín de Chicago, seis meses después y acá pues me sentía como en casa. La verdad que Medellín, como dicen los propios colombianos, es el mejor vividero de Colombia. Y yo bueno, que conozco gran parte Colombia, sin duda para mí ha sido el mejor vividero de Colombia. Es una ciudad que si la conoces, René —y espero que tengan la oportunidad—, te va a encantar. Es la ciudad más parecida a Caracas que pueda existir. Tiene, en el medio de la ciudad, un aeropuerto tipo La Carlota. Tiene verdes por todos lados, montañas, edificios por todos lados. El clima es muy parecido al de Caracas, en las noches hace un poquito al fresco, en el día un poquito más calentito. Sobre todo la gente, la gente de Medellín te atienden como que si fuera tu familia de toda la vida.
RLM: Esos son los paisas.
CG: Sí, esos son los paisas. Y en Bogotá están los rolos. En Medellín, yo llego y yo digo: «oye, esto es otro mundo, es otro mundo». Yo había venido muchas veces por trabajo, reuniones específicas, uno o dos días; pero el vivir acá ha sido diferente. Yo hoy le digo a mi novio: «fue la mejor decisión que pudimos haber tomado. Me encanta Medellín».
RLM: Allí te sientes en casa.
CG: Me siento en casa. Solo me falta en media hora La Guaira o un sitio como de playa y sería ya la ciudad perfecta.
RLM: Porque en Medellín eso sí no lo tiene cerca.
CG: No. Está bastante lejos la playa, pero es lo que me faltaría para yo decir: «ya. Es mi sitio para vivir toda la vida».
RLM: Ok, perfecto. Y a nivel de trabajo, a nivel profesional, tienes ya muchos años de experiencia, también, trabajando en Colombia. ¿Qué desafíos te encontraste? ¿Qué oportunidades? ¿Qué soluciones?
CG: Al principio fue muy duro, porque, obviamente, no conozco todas las normas del país, con las leyes —yo soy contadora—, y hay muchos temas tributarios, sobre todo que no los conocía y en Colombia, prácticamente, toda la contabilidad es fiscal. Entonces, ahí yo comienzo un proceso de aprendizaje en el cual tuve que aprender, preguntar mucho e ir a expertos y abogados para que me explicaran muchísimas cosas que no entendía, porque las hacen bastante diferentes que en Venezuela. Entonces, eso sí fue un desafío supergigante, poder entender todo lo que es la normatividad fiscal en Colombia y, en ese momento, no estaban las normas internacionales de contabilidad aplicándose en Colombia, pero ya sí en Venezuela. Entonces, yo me tuve que atrasar un poquito y entender un poquito esas normas de contabilidad de este país, que luego sí comenzaron las normas internacionales de contabilidad. Junto con ese ínterin, yo tuve que estudiar, también, en la universidad, para poder homologar y poder firmar como contadora en Colombia. Entonces, yo tengo la titulación como contadora en Colombia y registrada en el Colegio de Contadores o en la Junta Central de Contadores en Colombia.
RLM: Tú me contabas que tenías más de diez años experiencia en Venezuela como contadora, luego los estudios en Colombia en auditoría forense, luego los estudios en Colombia para tener la titulación, poder firmar como contadora y más de nueve años ya de experiencia, también, en Colombia. O sea que tú me estás hablando de una carrera de casi veinte años, con tres pasos por la universidad. ¿Cómo cambia tu perspectiva acerca de tu profesión después de haberla ejercido por una década en Venezuela y una década en Colombia?
CG: Ha cambiado muchísimo. Yo me siento que soy una profesional más integral, no solamente enfocada a los temas contables. He tenido también que pasar por varias áreas en la compañía, he estado encargada de la tesorería de las compañías, manejando relaciones con entidades financieras, negociando todos los préstamos, por ejemplo, de una compañía, negociando con otros países, otra entidad financiera de otros países. También tuve la oportunidad de aprender portugués. En muy corto tiempo tuve que aprender portugués porque uno de mis jefes era de Brasil. Eso fue una presión que me metí, en el cual tuve que aprender y cada vez ir mejorando mi currículo, por decirlo de alguna manera. Ir mejorando todos los skills que tenía y seguir trabajándolos. Porque, la verdad, en Colombia el tema de trabajo es bastante competitivo, aquí hay muy buenos profesionales y para tener un puesto mejor, para seguir adelante, para posicionarse dentro de una compañía. Pues a mí me tocó estudiar, seguir aprendiendo, aprender otro idioma para poder hablar con mi jefe en Brasil. Entonces, yo creo que me tocó no tan fácil, pero siempre poniendo lo mejor de mí para lograr las cosas.
RLM: De alguna manera, la emigración te obliga a ser la mejor versión de ti misma.
CG: Totalmente de acuerdo. Cada vez estoy mejorando y preguntándome: «¿ahora qué me falta? Tengo esto, lo agrego, lo sumo. ¿Ahora qué paso viene?». Entonces, cada vez que voy cumpliendo una, me voy trazando otra meta y otra meta y otra más. Gran parte también de ese proceso terapéutico que hice, René, me ayudó a hacer un plan de vida. Yo cuando llegué aquí, como yo pensaba en irme de paso, yo no tenía un plan de vida, lamentablemente. Y yo, en ese momento, me hago un plan de vida en el corto, mediano y largo plazo. Cuando yo hago ese plan de vida, yo organicé en mi vida completita. Y yo dije: «quiero ir hasta allá». Y comencé por el camino que tenía que ser, porque yo estaba deambulando. Yo no sabía qué hacía, yo no sabía qué venía. Yo me perdí cuando terminé el posgrado y no me podía regresar. Porque no era el momento, no era la situación, económicamente y profesionalmente yo estaba muy bien en Colombia y me quedé como en un limbo. Y para salir de ese limbo fue muy duro. Pero, gracias a Dios, que cada año me planteo un plan de vida y lo voy llenando. Y el plan de vida creo que es algo muy importante en la vida de las personas y que deberían de realizarlo y trabajarlo continuamente.
RLM: Carla, qué maravilloso lo que me estás contando, porque a mí me pasó lo mismo. Nosotros llegamos aquí hace catorce años, yo venía de ser abogado en Venezuela. Aquí eventualmente conseguí trabajo, pero mi trabajo fue como operador de montacargas y fue bastante duro, muy, muy difícil. Pero, una de las cosas que mi jefe me decía —que siempre agradezco—, era: «tú tienes que tener un plan de vida». Y llegó en algún momento, después de mucha resistencia, un día que me encerré y dije: «¿dónde quiero estar yo en cinco, diez, veinte, treinta años? ¿A dónde voy a estar cuando me retire?» Y ahí las cosas comenzaron, efectivamente, a cambiar y a cambiar para mejor. Sí, a fluir, porque ya tú sabes para dónde vas. Entonces, ya no estás reaccionando, sino que estás actuando. Entonces, ahora la pregunta que habíamos mencionado al principio, vamos a formularla ya para cerrar. Si tú pudieras retroceder el tiempo, sabiendo las cosas que ya sabes, ya todo lo que aprendiste, ¿tú vuelves a elegir Colombia para vivir?
CG: Bueno, René, te voy a ser completamente sincera. Para vivir, no. Yo no hubiese elegido hace casi nueve años venir a Colombia, precisamente porque no era el país que yo hubiese elegido para vivir. Fue un país que yo elegí para venir de paso, lamentablemente. Yo creo que yo me tenía que armar de más información, más de valor, buscar a personas de mi vida en el cual yo le tendría que haber preguntado qué puedo hacer, quiero hacer esto, ayúdame. Yo me vine sin como saliendo por una salida de emergencia. Yo no me hubiese venido a Colombia hace nueve años para vivir, pero yo estoy muy agradecida porque el país y el colombiano me recibieron muy bien con puertas abiertas. No te voy a negar que a mí me ha ido muy bien, a pesar de los altibajos emocionales que he tenido —que son normales—, a pesar de que en ciertas ocasiones me han tratado un poco diferente o han hecho algún comentario que no me ha gustado. A pesar de todas esas cosas excepcionales y que no debería tomar en cuenta porque no es lo mayor que me pasó a mí en la vida aquí en Colombia, a pesar de todo eso, yo estoy muy agradecida y aprendí a vivir en Colombia. Aprendí a que acá ya yo estaba para hacer mi vida y de eso sí que no me arrepiento. Esa fue la mejor decisión que yo tuve, que tomé, de decir: «no voy a volver a escapar de Colombia y voy a volver a empezar de cero en otro país». No, yo acepté mi realidad y dije: «aquí es donde me quiero quedar». En ese momento yo acepté. Pero, tuvo que pasar casi cuatro años para yo aceptar que me quería quedar a vivir aquí en Colombia. Pero, en un primer momento si retrocedo casi nueve años, René, no hubiese elegido este país.
RLM: Muy bien, pero, entonces —si te entiendo bien— ya Colombia es tu casa. Colombia es el sitio donde tú te vas a quedar, donde estás echando tus raíces.
CG: Sí, he echado mis raíces acá, esperando para casarme, porque los temas legales son un poquito complicados, pero, obviamente, pues aquí he conseguido todo lo que yo realmente necesitaba y estaba buscando en la vida. Conseguí mi pareja, pronto estábamos en planes de bebé y muchos planes para para seguir y continuar aquí en Colombia.
RLM: Carla García, ¿la habilidad más importante que una persona debería tener o cultivar para aprender a vivir en Colombia?
CG: ¿La habilidad más importante? Creo que el no tomarse nada personal. No tomarse nada personal, creo que es súper importante, no solamente aquí en Colombia, a nivel personal, en cualquier parte del mundo. No te tomas nada personal y creo que lo he aprendido muchísimo acá.
RLM: Bueno, Carla García en Medellín, agradecerte por haber participado en Los trabajos y los días, un privilegio tenerte con nosotros.
CG: Muchas gracias, René.
RLM: Y gracias a nuestra audiencia. Recordarles que nuestro sitio web es lostrabajosylosdias.com. Disponible en todas las aplicaciones de podcast, nuestras redes sociales @trabajosdias y, desde Toronto, les deseamos paz y salud.
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ACERCA DE LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS:
LOS TRABAJOS Y LOS DÍAS es el podcast que conecta a los venezolanos globales. Todas las semanas conversamos con venezolanos que viven fuera de Venezuela, para que nos cuenten sus historias migratorias (sus procesos de adaptación, sus experiencias laborales y sus consejos para los próximos migrantes). Cada entrevista que hacemos es en una ciudad diferente del mundo.
Nos puedes encontrar todos los martes (o jueves) en www.lostrabajosylosdias.com y las principales aplicaciones de podcast, a partir de las 7:00 a.m. (Toronto).
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“Front Porch Blues”
“Bleeker Street Blues”
John Deley: “Beer Belly Blues”